Mi escoba y yo vamos andando al trabajo y siempre, siempre, ya sea mañana o tarde hay mucha gente haciendo cola a la puerta de un centro que parece oficial.
El ambiente de la cola siempre es el mismo: ojos bajos,
miradas clavadas en las baldosas y carros de compra vacíos.
Como mi escoba es algo cotilla, un día se acercó al último
de la fila y le preguntó a qué esperaba.
- Espero a que me den comida del banco de alimentos.
-¿Todos los que estáis aquí estáis esperando a que os den
comida? Preguntó mi escoba.
- Si.
- ¿Yo me puedo poner? Volvió a preguntar mi escoba mientras
yo me quería morir de vergüenza. (Mi escoba es descarada de narices).
- Si te han hecho el informe
que certifique que estás en situación de exclusión social o vulnerabilidad
económica si. Si no, no.
- Ah! ¿Esto es lo que llaman las colas del hambre?
El último de la fila asintió y bajó los ojos. Buff ahí ya no
aguanté más. Cogí a mi escoba, me la llevé y le dije que no volviera a ser nunca
tan indiscreta.
El resto del camino lo hicimos en silencio, pero creo que a
las dos se nos quedó una sensación rara en el estómago.
Poco más volvimos a hablar de aquello hasta que hace poco,
en uno de los hoteles más céntricos de la ciudad también había mucha gente
haciendo cola.
Pero esta gente era diferente y la energía de la cola no
tenía nada que ver.
Esta vez los congregados no llevan ni bolsas de rafia ni carros de compra. Llevaban ropa cuidadosamente descuidada y lucían teléfonos de última generación desde donde retransmitían, en riguroso directo, su hazaña de estar perdiendo el tiempo en uno de los Crazy Zokos de turno.
Si en la cola del hambre el objetivo es conseguir lo básico para no desaparecer, en la cola del Zoko el objetivo es conseguir algo para sentirte alguien.
Pero oye, colas son las dos, solo que con sus diferencias:
- La
limitación: En la cola del hambre los recursos son limitados y deben
ser repartidos. En el Crazy Zoko, la limitación es una estrategia de marketing
maravillosa: ¿Sólo una hora para comprar? ¡no puede ser!,!lo necesito
todo!
- La
recompensa: Al final del trayecto de una cola del hambre hay solidaridad
y comida que permite mantener las constantes vitales. Al final del
trayecto del Crazy Zoko, hay una cantidad de adquisiciones que te dispara
la contentura. (La desnutrición del alma se cura con dopamina rápida).
- La
mirada del que pasa: Cuando la gente pasa junto a una cola del hambre,
mira hacia otro lado pa no tener que cruzar la mirada con nadie. Cuando
pasa junto a la cola del Zoko, mira con cierta envidia o desconcierto, quizá
pensando: "¿Qué regalan ahí?,¿debería ponerme yo también"?
- El
ruido: La cola del Zoco es ruidosa, se sube a Instagram y se celebra
como un triunfo del estilo de vida. La de la necesidad es silenciosa sin
aspavientos y lo que se celebra es poder comer un día más.
·
Los
requisitos: Para entrar en la cola de un Crazy
Zoko el único requisito es tener saldo en la tarjeta y mucha paciencia. Para
entrar en la cola del hambre, el sistema se vuelve exquisitamente burocrático.
No basta con tener hambre, hay que demostrarlo con papeles.
En los dos tipos de cola todos comparten el
frío de la mañana, el dolor de riñones o la dureza del asfalto, pero, mientras
una busca llenar el estómago para sobrevivir, la otra busca llenar el ego
porque nunca se tiene lo suficiente.
Al final, todo es cuestión de perspectiva. Unos hacen cola
por necesidad. Otros, por la necesidad de no quedarse fuera de la tendencia.
Y así, las gentes siguen sus rumbos, perfectamente divididos
entre los que cuentan los garbanzos para ver como los gestionan y los que
coleccionan aquellas “maravillas completamente vitales” que en dos días estarán
en la basura o serán los regalos de los próximos amigos invisibles.
Eso se traduce en más de 300.000 familias que
dependen del circuito de reparto de alimentos para llenar la nevera cada mes.
Para abastecer esta demanda en España, se reparten más de 130
o 140 millones de kilos de alimentos al año a través de unas 7.000
entidades benéficas (parroquias, comedores, Cruz Roja, asociaciones de barrio)
que son las que gestionan las colas físicas.
Si sumamos los 54 Bancos de Alimentos que operan en todo el
país, se recogen y reparten entre 130 y 150 millones de kilos de comida al
año.
Solo en la "Gran Recogida" a nivel nacional, la
solidaridad de la gente suele rozar los 20 millones de kilos en apenas
tres días.
Para terminar este post, me gustaría acabar haciendo
homenaje a una tercera cola, una invisible pero que que creo que de verdad existe y a la que yo os invito a que unais:
La de las personas y entidades que en silencio colaboran con su tiempo o
con sus donaciones intentando que las colas del hambre, sean más cortas que las
de los absurdos Zocos.
Aquí os dejo cómo funcionan los bancos de alimentos. Es super recomendable.
Un abrazo y hasta la próxima.


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