Quienes pasáis a menudo a saludar a mi escoba y a mi sabéis que somos unas firmes defensoras de la limpieza rinconaria.
Nos encanta ver los suelos brillantes, las ventanas
transparentes y el portal oliendo a pino. Pero el otro día, mientras libraba
una batalla a muerte contra una pelusa del tamaño de un conejo debajo del sofá,
me dio por pensar…
Hay una suciedad que no se quita con amoniaco: la grisura
de la prisa, el mal humor y esa costumbre tan fea que se nos está quedando de
ir por la calle mirando nuestras pantallas o mirando al suelo, como si
buscáramos algo…Lo que sea para no mirar a los demás.
A veces nos empeñamos en limpiar la casa para que brille y el brillo se queda dentro pero nosotros salimos a la calle sin luz, apagados.
Y ahí es donde entra en acción mi polvo de estrellas.
Mi polvo de estrellas es guay porque es muy barato, casi no
se nota y produce un efecto “deslumbrante”.
El polvo de estrellas se compone de pequeñas briznas de luz que ofreces a los demás cuando esbozas una sonrisa o dices una palabra amable. Así, sin venir
a cuento.
Parece una tontería, pero en este mundo de locos, con buena sonrisa puedes iluminar a quien tienes enfrente: El otro día coincidí en el trabajo con una compañera que iba arrastrando los pies, con una nube negra sobre la cabeza que amenazaba tormenta.
Yo sé que la mujer no lo está pasando bien, pero no tengo
confianza como para preguntarle por sus cosas, así que en lugar de preguntar, decidí abrir mi saquito y dispersar un poco de mi polvo de estrellas:
“¡Buenos días, Juani ¿es el color de
chaqueta o es que hoy estás con el guapo subido?” Te veo estupenda esta mañana.
Oye, mano de santo. A Juani se le iluminó la cara,
enderezó la espalda y me devolvió una sonrisa de oreja a oreja. En segundos, mi
polvo de estrellas había dispersado su nube gris.
Pero además de esta maravilla, tengo otros utensilios con
superpoderes limpiadores, que estoy segura de que tú, tambien los tienes:
Tengo, por ejemplo, la bayeta del "buenos días", el plumero del
"gracias", el abrillantador de la sonrisa o la fregona del “lo siento” y gracias a ellos, mantengo muy muy limpitas mis relaciones con el resto del mundo.
Y es que al final de eso va tener limpios los rincones, no
solo de que las aceras estén impecables, sino también de ventilar las oscuridades
y desinfectar los ambientes cargados de tanta indiferencia y tanta desatención.
Ir por la vida repartiendo un poco de cercanía y calor
humano es la mejor limpieza que podemos hacer en nuestro día a día.
Es gratis, no contamina y deja un olor a buena gente que ya le gustaría al mejor suavizante del mercado.
Reflexión para el felpudo: Menos mirar de reojo con cara
de sargento y más espolvorear polvo de estrellas en el ascensor. Que nunca
sabes quién está necesitando un poquito de luz en su rincón.
Y vosotros, vosotras ¿habéis abierto hoy hoy vuestro saquito de polvo de
estrellas?
¿A quién le habéis regalado la última sonrisa?
Ayyy voy a decir eso que ahora se dice mucho y me hace mucha
gracia:
¡Os leo en los comentarios! 😉
Me
encanta


















